
Las narices de piedra de los santos
ataron cicatrices en las manos.
Son los brazos los que, al no saber,
quiebran las búsquedas por miedo
a lo desconocido.
En los negocios del espacio
el tiempo es rey,
sabe de imprudencias
de ensayo y error.
El secreto que nos guardamos
es lo único nuestro.
ataron cicatrices en las manos.
Son los brazos los que, al no saber,
quiebran las búsquedas por miedo
a lo desconocido.
En los negocios del espacio
el tiempo es rey,
sabe de imprudencias
de ensayo y error.
El secreto que nos guardamos
es lo único nuestro.
1 comentario:
La sentencia de los últimos versos es tan demoladora como cierta; aunque también irían unos breves instantes ahí. Saludos.
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