
Cayó en noches que debieron cerrarse
antes de la tormenta
de la mala suerte anunciada.
Miró miró a todo todos sin mirarse
apretando sus dientes grises.
Huyó de escuchar los bien estares ajenos
anotando cruces tatetí
y contando tigres sin manchas.
(Siempre aparece un ladrón
cuando la felicidad se acerca).
2 comentarios:
me gustó el poema, fer.
Yo creo en la posibilidad de la felicidad.
Estuvo bello el domingo: su performance.
:)
Gracias Lore por leer,
gracias por escuchar
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