Francisco Bochatón (Luces)

La casa está vacía de cosas tuyas y cosas mías
el cuerpo no me pertenece
es del paisaje, es de la gente
mi hijo es de un lugar enorme, y yo le miento
mi hijo es de un lugar enorme, y llora lento
acostumbrado a morir
las luces de un momento intentan
cubrirlo todo, uniendo piezas
y el mapa es tan distinto
me da una idea que yo distingo
la llama aumenta y no detiene su tormento
en los cristales de otros tiempos está tu cuerpo
acostumbrado a morir
acostumbrado a morir
acostumbrado a morir
a un costado del cuadro está tu flecha, rota y desecha
esfuerzo por ser alguien que no coincide con tu belleza
la dirección no tiene apuro para ver dentro
con una enorme red de mundos que veo lejos
acostumbrado a morir
acostumbrado a morir
acostumbrado a morir.

Palabras gordas ...


Los seres nobles cuando
tropiezan lo reconocen
entonces caen
rodando y vuelan
lastimados hacia otro
sitio los llevan para que no
moleste su verdad.
Hay otros, en cambio,
que caen siempre de pie ...

El verde era el color que imaginamos, antes que Argentina Televisora Color muestre el arco iris vertical.
Tormenta en la pantalla. La espera familiar tejía redes entre los edificios con antenas de puntas y papa negra.
El canal facho sintonizaba los cambios de ánimo. Nuestros ojos argentinos abiertos a la par de los de Bill Bixby, que rugía en el cuerpo gris transmutado en imaginado verde.
Al final la tranquilidad después de la paliza, con su mochila de regreso, mientras silbábamos la melodía.

Los ejes de mi cabeza (homenaje a Atahualpa Yupanqui)

Nada más.
Teniendo rancho y caballo
es más liviana la pena.
De todo aquello que tuve
sólo el recuerdo me queda.
Nada más.
No tengo cuentas con Dios,
mis cuentas son con los hombres.
Yo rezo en el llano abierto
y me hago león en el monte.
Nada más.
Me gusta mirarlo al hombre
plantado sobre la tierra.
Como una piedra en la cumbre,
como un faro en la ribera.
Nada más.
Alguna gente se muere
para volver a nacer.
Y el que tenga alguna duda
que se lo pregunte al Che.Nada más.


De aquellos cerros vengo

De aquellos cerros vengo, negra querida,
a buscar los despojos del alma mía.
Fresquita y ansiosa, vidita, yo te la entregué.
Tú la destrozaste, vidita, yo no sé por qué.
De aquellos cerros vengo, negra querida.
Este ponchito mío de tres colores,
me dice que no fíe de tus amores.
Palomita ingrata, vidita, me has pagado mal,
córtate las alas, vidita, deja de volar.
De aquellos cerros vengo, paloma mía.



Letra y música de los temas: Atahualpa Yupanqui
Versiones de: Fernando Luciani (guitarra y voz)


Tiré los cables de emisor
alto voltaje de conquista
patea en retroceso.

La pueblada hablada de Germán Arens

Lugar y tiempo
La memoria en la que guardo
unos cuantos amigos en desuso,
tres perros negros,
un sauce y un olivo,
un pasado de casa
que no vuelve :
(mi madre y mis hermanos),
los cuentos de un tío bradburyano :
(su guitarra, su canoa, sus amores);
mi abuela
por las bocas chacareras :
(el mercurio, su batón y sus manías),
un monte
que quizás nunca haya sido
para otros ojos
lo que fue para los míos,
un remanso
de imprudencias consabidas
en la orilla
de aquel rio que hoy no río.
Ha sido mi niñez.
Lugar y tiempo en el que fue asignado
el perdurable dolor de no crecer jamás.
Poema perteneciente al libro de Germán Arens, titulado "Pueblada".